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Juan Ignacio Pereyra vive en Londres hace cinco años (trabaja en una firma internacional) y practicando deporte sufrió una lesión que consideró como una rotura del tendón de Aquiles. Como era tarde, la única opción que tenía para atenderse era la guardia del hospital asignado por el National Health System, sistema al que se encuentra adherido por su empresa.
Sin embargo, camino hacia el hospital pensó que si llegaba con su lesión a la guardia probablemente lo operarían de urgencia sin que tenga la oportunidad y el acceso a una segunda opinión. Pero, por otro lado, pensó que si declinaba el tratamiento, el NHS no lo cubriría una vez hecha la consulta.
Como ninguna de las alternativas lo convenció, optó por la tercera y más dolorosa: colocarse hielo, la pierna en alto y esperar al día siguiente la consulta con su médico de cabecera. Grande fue su indignación al comprobar que después de cuatro horas al teléfono, su GP nunca dio signos de vida.
Cansado de esperar, resolvió pagar cien libras esterlinas y consultar a un médico por fuera del sistema quien le confirmo el diagnóstico y lo derivó al anhelado especialista para que lo operaran.
Los gastos de la reparación quirúrgica fueron reintegrados por el seguro privado del empleador, cobertura adicional que reciben los empleados de esta firma.
En definitiva, esta anécdota resume las peripecias y el costo final de una aventura por el NHS, mientras el protagonista añoraba la atención que recibía a través de su plan de medicina prepaga en la Argentina. Inevitablemente reconoció el motivo de elevado costo de las cuotas. |