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11/03/2009
Presente y futuro de la atención médica

La Nación - Nota - Opinión - Pag. 15

Jorge Félix Aufiero
Para LA NACION

El costo de la atención médica será un gran desafío en los años por venir. Todos los días nos enteramos del descubrimiento de nuevas drogas, de la aparición de aparatos de alta tecnología o de innovadoras técnicas terapéuticas que permiten tratar con éxito enfermedades que hasta ahora resultaban incurables. La contrapartida de esta bendición para la humanidad se halla en el inocultable costo que demanda su aplicación.

En el curso del último siglo, la expectativa de vida se ha elevado de 55 a 77 años en el hombre y de 58 a 82, en la mujer. La amenaza de la tuberculosis ha sido sustituida por la del cáncer, pero ahora se cura, en más del 50% de los casos. En el caso del sida, los nuevos tratamientos son cada vez más efectivos, pero el precio que hay que pagar por ellos ha aumentado exponencialmente. En la última década, la sobrevida de quienes sufren cáncer de colon avanzado se ha duplicado, pero el costo del tratamiento aumentó 320 veces.

La prevención hizo disminuir la incidencia de la mortalidad infantil en nuestro país. Rondaba el 66 por mil de los recién nacidos hace 50 años y hoy es sólo de 12 por mil. Modernos y complejos servicios de neonatología contribuyen en gran medida a la sobrevida de los recién nacidos, aun de aquellos de muy bajo peso, a un costo diario de entre 3000 y 5000 dólares, en los países desarrollados.

En Estados Unidos se gastaron 54.000 millones de dólares en 2003 en atención neonatal, sin incluir lo correspondiente a la rehabilitación de niños con secuelas genéticas.

La evolución de la medicina ha permitido no sólo una mayor longevidad, sino también una mejor calidad de vida. Todo esto ha llevado a variar la forma de la atención médica, ante el aumento incesante de los costos en todos los países del mundo, en diferente proporción de acuerdo con los sistemas adoptados, ya sean de monopolio total del Estado, monopolio parcial, sistemas de seguridad social mixtos o de atención privada.

El costo anual de proveer a un empleado neoyorquino de un plan familiar es actualmente de unos 12.600 dólares, más del doble de los 5791 que demandaba en 1999, y alcanza a los 125.302 dólares totales por el período en que estará jubilado, si vive 78 años y se retira a los 55. Más años y mejor calidad de vida significan, repito, una bendición, pero también costos crecientes.

¿Qué debemos hacer? En algún momento, la sociedad deberá decidir qué porcentaje de su PBI va a invertir en salud: ¿el 8%, el 10%, el 15%?

Una vez que la sociedad ponga ese techo, afrontará el gran desafío de administrar los recursos. Una administración inepta, ineficaz e ineficiente es tanto o más grave que una administración injusta, pues la primera cuenta con los fondos que le ha asignado la comunidad. Un país serio, que considere a la salud un derecho, debe tener presupuestos responsables y una administración eficiente.

Debemos prever que la tendencia al aumento de los costos de la atención médica se va a profundizar, porque las investigaciones en marcha traerán nuevas técnicas terapéuticas que posibilitarán la curación, hoy imposible, de muchas enfermedades.

El problema del último medio siglo ha sido que el aumento de los gastos en salud ha excedido largamente los índices de inflación y el crecimiento del PBI de los países. La única solución posible será optimizar los recursos y que, indefectiblemente, el aumento de dichos recursos iguale el crecimiento del PBI. No hay que olvidarse de prever no sólo las epidemias y pandemias, sino también la aparición de nuevas enfermedades

A mediados del siglo XX, ningún gurú de la economía de la salud pudo predecir la aparición del sida. No obstante, la ciencia médica respondió con tratamientos cuya eficacia fue aumentando progresivamente. Hoy en día, estos pacientes sobreviven con buena calidad de vida, pero deben recibir un cóctel de drogas cuyo costo es de entre 500 y 1000 dólares mensuales, con una expectativa de incremento progresivo difícil de prever, siempre en el nivel de las naciones.

Aunque no sea el momento más oportuno, por la crisis que el mundo está soportando, quiero apoyar la teoría de ahorro individual a través de una cuenta médica (cuenta de ahorro médico).

Esto significa que, así como educamos a nuestros ciudadanos para hacer un aporte durante su vida laboral activa para cobrar su pensión, jubilación o retiro, con fondos previos al pago de impuestos, los ciudadanos podrían optar entre pagar la totalidad de sus tributos o dedicar una parte de ese dinero a una cuenta de ahorros médicos.

Por supuesto, se haría conforme a una estricta regulación, que determinara que, durante toda la vida activa del aportante, ese dinero no podría ser tocado, así como tampoco sus rendimientos. Hasta que la persona que comienza a aportar no se retire de la vida activa y se acoja a la jubilación, esos fondos serán intangibles, con la única excepción de que sufriera él o algún familiar directo alguna enfermedad devastadora. Los ciudadanos podrían optar por sistemas estatales o privados, de acuerdo con su preferencia.

Este es un aporte con visión profesional de largo plazo. Tratamos, como decimos los médicos, de prevenir y no tener que curar, muchas veces sin los elementos necesarios. En este caso, el dinero. Los tiempos que corren nos plantean este desafío y sólo superando los prejuicios ideológicos será posible que la humanidad encuentre una adecuada respuesta.

Jorge Félix Aufiero es profesor titular en la Universidad del Salvador y presidente de Medicus S.A