Dr. Jorge E. Califano
El sistema de residencias médicas surgió en nuestro país en el año 1944 por iniciativa del Dr. Tiburcio Padilla en el ámbito del Instituto de Semiología del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, pero recién hacia finales de la década del 50 las residencias comenzaron a multiplicarse en cátedras y hospitales y a organizarse de manera semejante a como se las conoce en la actualidad. Las primeras residencias surgieron asociadas a grupos y servicios de vanguardia en la profesión y con fuerte orientación hacia la investigación clínica. Para entonces los residentes formaban parte de un riguroso y sistemático programa de formación de posgrado, con dedicación exclusiva y duración variable entre dos y cuatro años, que otorgaba a los cursantes el monto de una beca, como medio de proveer a sus necesidades durante el período de adiestramiento. Los resultados de las residencias fueron muy positivos, en concordancia con la experiencia internacional, permitiendo a los profesionales adquirir rápidamente capacidades y habilidades por medio de la responsabilidad creciente y supervisada en la atención a los pacientes, a la vez que desarrollaban actividades de docencia y supervisión de los residentes de años inferiores y se iniciaban en programas de investigación. Las residencias además retroalimentaban la calidad académica y asistencial de los servicios al garantizar una atención permanente de los pacientes internados. Con el transcurso del tiempo la complejización y tecnificación de las prácticas médicas y las notorias deficiencias en las carreras de grado han convertido a la residencia en un requisito indispensable para completar el adiestramiento profesional.
El marco normativo de las residencias médicas se comenzó a gestar a partir de la resolución 1778/60 del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación, que dispuso adoptar el Sistema de Residencia Médica Hospitalaria para sus establecimientos asistenciales. En el año 1967 se creó el Consejo Nacional de Residencias Médicas (CONAREME), que constituyó un auspicioso intento por establecer una supervisión y control más firmes sobre las residencias, a la vez que pretendía planificar el crecimiento del sistema. Desgraciadamente su tarea se interrumpió al ser disuelto en el año 1974. Posteriormente en 1979 se sancionó la Ley 22.127 que creó el Consejo Nacional de Residencias de la Salud (CONARESA), cuya opaca labor no ayudó a la institucionalización y jerarquización del sistema, siendo el comienzo de su proceso de descomposición.
El progresivo deterioro de las residencias médicas, con la pérdida y distorsión de sus objetivos iniciales, ha obedecido a múltiples causas:
- La fuerte carga de trabajo de los residentes en detrimento de la carga horaria dedicada a la capacitación, lo que incluye el desempeño de tareas auxiliares y logísticas ajenas por completo a sus funciones.
- La utilización de las residencias para ampliar la cobertura asistencial a bajo costo.
- Un desarrollo curricular insuficiente, con escasa incorporación de procesos reflexivos y de resolución de problemas, con un modelo de enseñanza centrado en lo curativo y en la perspectiva del ámbito hospitalario, con ausencia de un enfoque epidemiológico en los planes de estudio.
- El escaso cumplimiento de la dedicación exclusiva, con autorizaciones para el cumplimiento de guardias externas, que complementan el magro monto de las becas.
- El escaso número de docentes (instructores de residentes y médicos de planta con dedicación completa) y su inadecuada remuneración.
- La carencia de una estructura de apoyo educacional (biblioteca, accesos informáticos).
- La falta de programas de investigación.
- La inadecuación de los perfiles educacionales con las necesidades sanitarias del país y con el mercado de trabajo médico.
- La ausencia de confiables mecanismos de acreditación y control para la habilitación de las residencias médicas y para su monitoreo permanente.
- La no utilización de mecanismos de evaluación para medir el aprendizaje de conocimientos, aptitudes y destrezas por parte de los residentes, así como el funcionamiento del sistema y sus necesarios cambios.
Toda crisis representa la oportunidad de un cambio y las residencias médicas, como mecanismo indispensable en la formación profesional, requieren modificar sus paradigmas, para lo cual es necesario el trabajo conjunto de las instituciones formadoras y de las entidades efectoras de los recursos humanos en salud.
Al respecto algunas ideas a poner en práctica pueden ser las siguientes:
- Creación de un Sistema Nacional de Residencias Médicas, al que deban incorporarse todos los graduados como requisito indispensable para obtener la matrícula profesional.
- Residencia obligatoria de dos años en alguna de las especialidades básicas: Medicina-Pediatría-Tocoginecología-Salud Mental.
- Residencias post-básicas optativas de dos a cuatro años en especialidades y subespecialidades de acuerdo a las necesidades sanitarias globales y regionales del país.
- Acreditación por parte de un organismo independiente de los planes de estudio, centros de formación, planteles docentes y mecanismos de evaluación.
- Evaluación interna y externa permanente del sistema.
- Equipamiento institucional y condiciones de atención médica que permitan optimizar la capacitación.
- Presupuesto suficiente que asegure la dedicación exclusiva de docentes y cursantes.